Políticos, tahúres del Misisipí

Ya estamos otra vez en el periodo post-electoral, y otra vez con las mismas posturas entre los partidos políticos implicados en la lucha por el poder. Hay que remarcar la expresión “lucha por el poder”, ya que cualquier iniciativa en defensa del pueblo (sanidad, educación, pensiones y, en fin, todos los temas sociales) da la impresión que les trae sin cuidado. Y, la verdad, ya empezamos a estar cansados.
Personalmente cuando el PP dice que ha ganado las elecciones, no me salen las cuentas, resulta que ha tenido 8 millones de votos, pero hay otros 15 millones que no le han votado. Extraña forma de ganar. Eso sin contar con que una formación política como el PP llena de basura hasta las orejas carece de toda legitimidad para gobernar. Prefiero que haya terceras o más elecciones antes que permitir que nos gobiernen los mismos. No obstante, en este desgobierno, una parte importante de la culpa hay que adjudicarla al PSOE por no liderar una corriente con todas las fuerzas progresistas y echar del poder a quien no se merece ni una humilde consejería.
¿Hay alguien que en estas discusiones sobre la investidura y sus correspondientes quinielas se haya planteado temas como la representatividad de verdad a través de una ley electoral totalmente nueva y coherente en la que los diputados nos representen de forma efectiva?, ¿alguien se pregunta cómo hacer que el empleo esté mejor pagado y sea digno hacía el trabajador?, ¿alguien piensa en que las personas jubiladas lo están por haber trabajado toda su vida y no merecen vivir angustiados sobre su corto e inmediato futuro?, ¿alguno piensa en la educación como instrumento para hacer libre a las personas?,¿ hay alguien que piensa en algo que no sea en ellos mismos?.
Observando la mayoría de políticos actuales se puede llegar a la siguiente conclusión: se toma la figura del charlatan/embaucador del lejano oeste americano, aquel que vendía crecepelos maravillosos y pócimas milagrosas, por otra parte tenemos la figura del tahúr del Misisipí, tramposo, ventajista, fullero y con cartas marcadas. Se mezclan ambos perfiles y ¡oh milagro!, tenemos la imagen de la mayoría de nuestros políticos. Aunque siempre hay alguna honrosa excepción.
