La enternecedora constitucionalidad de nuestras autoridades

Nuestro nunca bien querido y amado Ayuntamiento ha decidido dar el primer paso y hacer un homenaje, pionero en Catalunya, a la Constitución Española de 1978.
La Constitución no necesita de homenajes ni de reconocimientos, la Constitución necesita, y muy urgentemente, que las autoridades (incluidas las municipales) la acaten y la cumplan, ya que los preceptos más importantes se ignoran en su totalidad.
Para empezar el Art. 1 del Título Preliminar dice: “España se constituye en Estado Social y Democrático de Derecho…….cuya soberanía reside en el pueblo”.
Por Estado Social todos entendemos que el mantenimiento de tal Estado será a cargo de todos los ciudadanos con arreglo a su capacidad económica; por Estado Democrático consideramos que la tarea de gobierno la ejercerá el Pueblo a través del poder legislativo libremente elegido, y, por último, como Estado de Derecho creemos que debe ser aquel que se basa en el imperio de la ley a través de su sistema judicial.
En el primero de los tres supuestos, los gobiernos implantan los impuestos indirectos (Iva, hidrocarburos, tabaco, alcohol, etc.) que a al ser abonados por todos por igual (porcentualmente hablando) se convierte en el más injusto para las clases populares. El Estado Democrático se ve totalmente desdibujado y casi anulado por el sistema de elección de listas cerradas y la disciplina de voto (prohibida por la Constitución en se art. 67.2), y el Estado de Derecho salta hecho pedazos al elegir (los partidos a través de los diputados) a los jueces de los más importantes tribunales (Supremo y Constitucional) amén del Fiscal General del Estado. Y en cuanto a la soberanía, mejor no hablar ya que después de la reforma que PP y PSOE hicieron con todos los agravantes (nocturnidad, premeditación y alevosía) del Art. 135 de la Constitución, reforma que supedita la economía del Pueblo a los intereses y trapicheos de la banca europea, especialmente la alemana.
Soy el primero en reconocer que hay ciertas cosas que superan a las competencias de la administración local, pero al menos y por “vergüenza torera” podrían pronunciarse sistemáticamente y presionar a los poderes superiores en ese sentido. La administración municipal, por ser la más próxima a los ciudadanos, debería ser la más sensible a sus problemas y no, como en nuestro caso andar enzarzada en ver cómo mantener la silla a costa de lo que sea, incluido lo menos ético y lo más repugnante, es decir, incumplir acuerdos previos y, aprovechando la cercanía de la Navidad/Reyes Magos, auto regalarse un concejal, eso, sí, con el dinero de los ciudadanos.
Todo lo anterior sería relativamente normal en partidos de la derecha o similares, pero ver como el PSC por un lado y el PSOE por otro entran en este deplorable juego, defrauda y entristece a quien se considere socialista de verdad.
Si Pablo Iglesias (el fundador del PSOE y de la UGT) pudiese ver en qué han convertido sus sucesores su ideario socialista, podemos afirmar con total rotundidad que no se le hubiese ocurrido fundar el partido. Menos mal que falleció antes de ver tal degeneración.
