Populismo

Muchos son los científicos de diversos campos que aseguran que la distinción entre el hombre y el resto de especies es el lenguaje. El lenguaje nos permite relacionarnos, expresar nuestros sentimientos, miedos, ideas y forma el eje sobre el que se sostienen las relaciones humanas. Su poder es grande, puesto que una persona con un discurso bien articulado es capaz de elevar a las masas, muchos de los dictadores de la historia han utilizado su verbo para cautivar a las masas y porque no, manipularlas. El lenguaje no es neutro, cuando utilizamos una palabra en lugar de otra tenemos una intención. Cuando se utiliza por parte del partido en el poder el término populismo de forma peyorativa tiene una intención. Populismo se ha vuelto una palabra denostada con un significado que se ha pervertido para el interés de algunos. El atender a las demandas del pueblo, entendido como la mayoría ciudadana, no puede ser algo negativo ni tratado con veleidad, los políticos son los representantes de los ciudadanos y por tanto su objetivo debe ser conocer y poner en práctica las demandas de éstos. Tratar de populismo las demandas de más democracia de forma negativa conduce a la conclusión de que existe cierto paternalismo en la clase política que entiende que la población no sabe lo que quiere y que sus demandas no deben ser oídas más allá de su voto en una urna, y que en realidad a los que toman las decisiones le importa bien poco sus representados. Desde su punto de vista atender a las demandas ciudadanas con sentido común y buscando soluciones a lo que preocupa a la mayoría es populismo y quimèrico; los diversos movimientos ciudadanos que se han movilizado en los últimos tiempos lo desmienten, movimientos organizados, sólidos y comprometidos, capaces de articular proyectos y propuestas fundamentadas. Ciñéndonos al término populista en su acepción peyorativa; podemos tildar de populismo el acusar a un partido de defender el régimen chavista, para luego venderle armas, afirmar que no bajará las pensiones para seguidamente bajarlas, proclamarse adalid de la transparencia y la regeneración democrática y gobernar a base de decretos ley, afirmar defender la igualdad y favorecer con sus políticas la desigualdad entre ricos y pobres. La utilización del lenguaje no es neutro ni casual, pero nuestra capacidad de discernimiento y nuestro sentido común puede ayudarnos a comprender mejor la grosera manipulación que algunos hacen de las palabras para sus intereses.
