
“El feminismo es la idea radical que sostiene que las mujeres somos personas”, dijo Marie Shear, escritora y activista estadounidense.
Después de leer esta frase, algunas personas pueden tacharnos de exageradas o incluso de mentirosas, alegando que por supuesto que las mujeres somos personas. Entonces, si es tan evidente, por qué sigue existiendo la brecha salarial de género, la feminización de la pobreza, las múltiples discriminaciones por razón de sexo, la división sexual del trabajo, la falta de igualdad de oportunidades para las mujeres, la hipersexualización de las niñas, la cosificación de nuestros cuerpos? Por qué, a pesar de empezar a hablar de corresponsabilidad, la carga mental sigue siendo nuestra? A pesar de tener mujeres brillantes en todas las áreas económicas y productivas, seguimos visualizando al hombre en esas esferas. Y por último y más aberrante: Por qué, diariamente, nos siguen matando por el simple hecho de ser mujeres?
Todo esto, compañeras, se llama patriarcado y es el origen de todas las desigualdades que sufrimos las mujeres.
El feminismo se propone desenmascarar todas y cada una de las mentiras que nos han hecho creer desde este modelo de sociedad y avanzar hacia un paradigma más equitativo para todas y todos, porque nosotras, el feminismo no lo concebimos como un guerra contra los hombres, sino contra el patriarcado.
Este proceso de transformación personal hacia el feminismo nos invita a revisar de forma constante la manera en que el género nos ha determinado, tanto a los hombres como a las mujeres, a ocupar determinados lugares, reservando para ellos los lugares de poder y de privilegio y para nosotras los papeles secundarios.
Para ellos el espacio público y para nosotras el privado, para ellos la economía productiva y para nosotras la reproductiva, para ellos todos esos espacios de toma de decisión y para nosotras los de obediencia. Porque así es como nos quiere el patriarcado, obedientes y calladitas.
Pero el patriarcado no sabe que mientras ellos defienden los intereses individuales, nosotras defendemos los intereses colectivos. Ese es el gran poder de transformación de la feministas.
Al feminismo, de hecho, se llega de la mano de otras mujeres y desde la reflexión compartida cuando empiezas a tomar consciencia que esto que me pasa a mi también te pasa a ti y entiendes que“lo personal es político”, porque nada le pasa únicamente a una de nosotras sino que todas sufrimos las consecuencias del patriarcado de una forma u otra.
Al feminismo se llega después de un proceso de deconstrucción y de haber desaprendendido todo aquello que nos habían transmitido de inicio desde la más absoluta normalidad.
El feminismo es una nueva forma de entender el mundo desde un lugar más amable y justo para todo el mundo. El feminismo es escucha y debate constructivo, es defender lo que te pasa a ti aunque no me esté pasando a mi porque el feminismo lleva de la mano a todas la mujeres y no todas partimos de las mismas oportunidades ni con las mismas libertades.
Ser feminista es reconocer la fuerza colectiva y no querer apropiarse de forma individual de un movimiento que lleva muchos años reivindicando el feminismo como relato.
No lo olvidemos compañeras, si las mujeres actualmente podemos votar es gracias al movimiento feminista, por eso es tan importante conocer y reconocer nuestra genealogía. El pasado es nuestro presente y por ello debemos agradecer todo el camino que muchas compañeras nos han allanado de antemano y trabajar para que las generaciones futuras puedan disfrutar de nuestros logros.
El feminismo no eres tú ni soy yo, el feminismo somos todas y cada una de nosotras, el feminismo es “ hermana, yo sí te creo”
El feminismo es discurso, pero sobretodo es práctica, porque no se trata de definirse como feminista sino hacer del feminismo una práctica cotidiana.
El feminismo es un maravilloso viaje sin retorno porque es un viaje que nos lleva a la libertad, a la propia autonomía y a la emancipación. Un viaje que nos hace más fuertes y autónomas y que nos conecta a las unas con las otras, porque las feministas luchamos para que todas y cada una de nosotras disponga de “una habitación propia” que nos permita vivir una vida libre y digna de ser vivida.
Disfrutemos entonces de este maravilloso viaje, seamos “incómodas e impertinentes”, ocupemos los espacios públicos, salgamos a la calle, exijamos nuestros derechos y tomemos la palabra todas las veces que sea necesario. Porque, aunque nos han querido hacer creer lo contrario, calladitas nunca vamos a estar más guapas.
Yolanda Ferrer, regidora d'igualtat
